ALTA COSMÉTICA ORGÁNICA
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  • CRISIS SANITARIA, CRISIS CLIMÁTICA Y REFLEXIONES DESDE EL CONFINAMIENTO

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    El inicio de la actual pandemia del coronavirus Covid-19 que asola en estos momentos el mundo comenzó “oficialmente” en China a principios de este año 2020. Ocurrió en la ciudad china de Wuhan. Una de las primeras medidas que se tomaron en esa ciudad a los pocos días de conocerse la peligrosidad del contagio entre humanos fue el confinamiento de la población que ha perdurado durante casi once semanas. Señalamos que Wuhan es una de las ciudades de China con contaminación atmosférica más alta. Posteriormente, la epidemia fue extendiéndose por el mundo y está afectando especialmente a las ciudades más populosas e importantes del planeta, como la zona norte de Italia, la más industrializada, o ciudades como Madrid, París, Londres o Nueva York.

    Independientemente de variables políticas, económicas o sanitarias queremos señalar aquí algunos, y recalcamos, solo algunos, de los numerosos factores que se barajan como potenciadores de la aparición, agravamiento y expansión mundial de esta pandemia. Todos ellos tienen en común su relación con la extrema insostenibilidad a la que la especie humana ha llevado al planeta. Señalemos por ahora solo algunos, la alta contaminación del aire, la constante y agresiva deforestación y la implantación de la red tecnológica 5G, que está en estado de expansión en todo el mundo y sobre la cual las organizaciones ecologistas más importantes llevaban dando la voz de alerta desde hacía más de un año sobre el alto perjuicio para la salud de los seres vivos. Ciertos estudios comparan geográficamente una mayor incidencia del virus con las zonas donde está tecnología estaba ya implantada. 

    La rápida extensión de la pandemia desde China a Europa, Oriente Medio y América ha ido provocando el confinamiento casi global de toda la población. Y este confinamiento produjo varios hechos espectaculares. Al prohibirse la mayor parte de la circulación terrestre, aérea y marítima, las ciudades vieron limpios sus cielos hasta tal punto que se pudo ver el volcán Fuji Yama desde la cercana Tokyo, medusas en los canales de Venecia y animales que se paseaban libremente por las ciudades. Las asombrosas imágenes nos hacen reflexionar.

    El pasado año 2019 fue el año en el que los ejemplos de la insostenibilidad del planeta empujaron a las organizaciones ecologistas a concienciar a los ciudadanosde una manera más activa sobre la crisis ya tildada como “emergencia climática”. Juntos intentaron forzar a los gobiernos a tomar medidas ya urgentes para evitar una catástrofe del ecosistema planetario. Es de todos conocidoque las diversas reuniones entre los gobernantes de todos los países fueron un fracaso. Y cabe recordar de nuevo aquí algo muy importante, que el deterioro ambiental favorece la transmisión de patógenos entre animales salvajes al ser humano. 

    En estos últimos cinco años el aumento de la temperatura, el derretimiento del hielo Ártico, el calentamiento global, la extinción de especies animales y la trágica deforestación pueden ser calificadas de “salvajes”. Por otra parte, el alto índice de consumismo ha incidido notablemente en la inundación de las aguas del mar por el plástico de los productos que consumimos vorazmente. La Tierra, nuestro planeta, se compone a partes iguales como el cuerpo humano. 80% de agua, los árboles son nuestros pulmones, y todas las especies animales y vegetales son necesarias para que todo el organismo esté sano porque forma un ecosistema en sí mismo. Pero este intenso deterioro progresivo ha provocado que el planeta haya enfermado y sus límites biofísicos se hayan sobrepasado. ¿Es la crisis climática causa directa de que nosotros, la especie que sin duda ha demostrado ser más depredadora, hayamos enfermado colectivamente de esta manera? Por otra parte, Los importantes cambios industriales y tecnológicos habidos hasta ahora, tal y como se han ido desarrollando, no han contribuido a  solucionar los graves problemas del planeta, ni sociales (crisis humanitarias), ni económicos (ha aumentado la miseria en el mundo),  ni ecológicos (crisis climática). Todo lo contrario. Reflexionemos sobre esto.

    Como mencionamos antes, durante esta fase de confinamiento que aún perdura, los niveles de contaminación bajaron asombrosamente. Sin embargo, especialistas de diversas áreas hablan de que tras la crisis sanitaria, en la vuelta a esa tan cacareada “nueva normalidad”, la gente huirá, por seguridad, del transporte público y aumentará de nuevo el uso del transporte privado. En ese regreso también se habla de que el trauma producido por el pánico al contagio hará que se vuelvan a exigir alimentos empaquetados en plástico. Y ante esto se nos abren muchos interrogantes.

    ¿Cuál es el camino a seguir para que nuestro planeta y nosotros como especie que habita en él podamos coexistir sanamente? ¿Hemos pensado durante el largo confinamiento en la emergencia climática, hemos leído algo sobre su relación con esta crisis sanitaria global? ¿Cuál debe ser en esta nueva etapa que se abre nuestro papel como una más de las especies que habitan la Tierra? ¿Debería realmente desaparecer la especie humana del planeta antes de causarle más daño, antes de que el sufrimiento que la provoca tenga un efecto de rebote devastador del que esta pandemia puede ser un primer o un último aviso?

    Hace falta una conciencia crítica de especie que se convierta en acción positiva, proactiva, que se plantee estas cuestiones muy seriamente. Tenemos la oportunidad de crear una alternativa más humana, con una visión y conciencia de especie, de planeta compartido. En este momento crucial podemos elegir la ruta y debemos mirar nuestras vidas, individual y colectivamente, a la luz de una interdependencia y de una coexistencia muy distintas.

    Escrito por Isabel Pesquera, Terapeuta de Terapias Complementarias.

    Centro Tsubame Otomo de Salud Integral

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